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MIMA TUS MANOS, Y SOBRE TODO EN VERANO

manos

La mayoría de nosotros pensamos que nuestras manos sufren más en invierno por el frío, el viento, el contacto constante con productos agresivos (químicos para limpieza, que jamás deberíamos manejar sin guantes)… Pero la realidad es bien diferente. El calor, el sudor, el cloro y, sobre todo el sol, son factores que pueden hacer especial mella y acelerar su proceso de envejecimiento: aparición de manchas, sequedad, venas dilatadas…

 

 

 

Todo tiene su explicación, y es que las manos no solo son una de las partes más expuestas de nuestro cuerpo a factores ambientales, sino que además, la piel del dorso es muy fina, especialmente la de las mujeres, y posee características fisiológicas similares a zonas tan delicadas como el contorno de ojos. Además, la escasa proporción de glándulas sudoríparas, muy inferior a la del rostro, hace necesaria una especial lubricación y protección. Y aunque mantener una higiene adecuada es ley de oro, a veces abusamos de los lavados, no siempre con los jabones más adecuados, con lo que destruimos la barrera lipídica natural que las protege.

La norma número uno para conservar las manos sanas, jóvenes y bonitas debe ser mantenerlas siempre bien hidratadas (también es aconsejable exfoliarlas previamente, como el resto del cuerpo, una vez a la semana al menos una vez cada quince días) y utilizar siempre, todo el año, protección solar. Lo cierto es que a veces ni siquiera cumplimos esta norma básica en verano (incluso instintivamente nos las secamos después de habernos aplicado el fotoprotector en el resto del cuerpo para no sentirlas “pringosas”).

En verano debemos tener especial cuidado (utilizar como mínimo un factor de protección 15) cuando desarrollamos actividades al aire libre aunque no necesariamente estemos tomando literalmente el sol, como cuando nos dedicamos a tareas de jardinería, andamos en bici… ¡Y ojo, también cuando conducimos!

Otra advertencia. ¡Cuidado con los cítricos! Naranjas, limones y mandarinas son frutas sanas y refrescantes, pero después de manipularlas, lávate a conciencia, porque son fotosensibilizantes y pueden provocar la aparición de manchas e incluso ampollas.

Por último, un consejo de emergencia. Si has sido muy constante en el cuidado de tus manos (insistimos: hidratar, nutrir y proteger a diario, incluso varias veces al día si es necesario, y utilizar protector solar), recurre a un tratamiento de choque: aplícate un sérum específico y cúbrelas con unos guantes.  Deja actuar más o menos tiempo en función del nivel de deshidratación en que se encuentre. Alternativa casera y muy socorrida: sigue el mismo procedimiento utilizando aceite de oliva.


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