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Intolerancia y alergia alimentaria: ¿Es lo mismo?

Intolerancia y alergia alimentaria: ¿Es lo mismo?

A la intolerancia y la alergia alimentarias las confundimos, pero son diferentes. Eso de “el pan no me sienta bien”, o “no digiero la leche”, o “cuando como frutos secos me duele la cabeza”…, nos pasa a unos cuantos. Otro problema común al que resulta imposible encontrarle explicación: cuidar la alimentación, y aún así no conseguir adelgazar. ¿Sabías que el problema, muchas veces, está en una intolerancia alimentaria? Cuidado, porque no debemos confundir con alergia alimentaria. No es lo mismo.

Según la Academia Americana de Alergia e Inmunología y la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica, existen dos tipos de reacciones adversas de carácter individual causadas por un alimento: las inmunológicas y las no inmunológicas. En las primeras no participa el sistema inmune, y son las intolerancias; en las segundas, cuando sí participa, hablamos de alergia. Según las academias nombradas, la intolerancia alimentaria es aquella respuesta anómala del organismo frente a cualquier alimento o aditivo. Por suerte, los síntomas son más leves, aunque crónicos: trastornos gastrointestinales, como dolor y distensión abdominal, vómitos y diarrea, alteraciones respiratorias, dermatitis y eczemas, migraña, fatiga crónica y alteraciones reumáticas. La dieta hipocalórica, si hay intolerancia, fracasa, para sorpresa de quien la sigue. ¿Y por qué ocurre? Las causas pueden ser enzimáticas (por enzimas de los alimentos, como la levadura de pan o cerveza), farmacológicas, debidas a agentes farmacológicos activos presentes en pequeñas dosis en los alimentos, como la cafeína o la tiramina, y por último, de tipo no identificado, que incluyen las reacciones frente a aditivos alimentarios.

La forma de saber qué intolerancia sufrimos es el Test Alcat. Con una simple muestra de sangre y sin necesidad de estar en ayunas, el Test Alcat puede detectar frente a qué alimentos reaccionamos de manera adversa, ocasionando desarreglos en nuestro organismo. Es un sistema que mide la susceptibilidad de las células sanguíneas para reaccionar frente a ciertos alimentos. A través de este test se lleva a cabo un estudio del comportamiento específico de las propias células frente a cada elemento, definiendo así el carnet de identidad alimentario de cada paciente. A partir de ahí es posible crear un programa dietético personalizado. Para la elaboración del test se prueban los 100 alimentos más frecuentes de la dieta mediterránea así como 22 aditivos y colorantes. Es importante saber que el fin del test de Alcat no está pensado para adelgazar: la prueba sirve para depurar el organismo, y es cierto que cuando se siguen las pautas de la prueba se adelgaza, pero la base para perder peso tiene que seguir siendo una dieta equilibrada, el ejercicio y el seguimiento médico a largo plazo.


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