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Cada uno envejece a su ritmo

Portrait of mother hugging daughter

No todos envejecemos al mismo ritmo. Eso es lo que dice un reciente estudio publicado en la web de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, que midió cómo pasaba el tiempo durante un año para personas de diferentes edades. La mayoría envejeció un año biológico por cada año cronológico, pero en algunos casos envejecieron dos y hasta tres años. El objetivo de los investigadores es averiguar los síntomas del envejecimiento prematuro antes de que se traduzca años después en enfermedades cardiovasculares, renales o pulmonares. Y de paso, ahorrar a Sanidad pruebas innecesarias.

Según Nir Barzilai, director del Instituto de Investigación del Envejecimiento Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, “si una persona tiene 60 años y en las pruebas se detecta que su edad biológica es de 50, es probable que no necesite una colonoscopia ni una mamografía cada año”, dice el experto. También dice que los investigadores esperan detectar las diferencias en el ritmo al que envejecemos las personas estudiando su genética, el entorno donde viven y sus hábitos de vida.

Según anteriores estudios, el 20% del envejecimiento se puede atribuir a la herencia de nuestros parientes, así que al parecer hay muchos más factores de los que afectan al proceso de envejecimiento que pueden modificarse. Uno de los indicativos puede ser medir el ritmo de deterioro en los jóvenes, para poder así estudiar los efectos de la dieta y el ejercicio, o el ritmo al que caminan las personas adultas, que es muy útil para determinar su salud en el futuro; el ejercicio nos puede ayudar a caminar a un ritmo más rápido, y la fuerza y el equilibrio también se pueden mejorar con Pilates, yoga o el tai-chi.

Pero el mensaje más importante es que lo que nos ocurre al final de nuestras vidas tiene su origen al principio, y todo lo que invertimos en nuestra salud a partir de los 40 años, nos beneficiará según vayamos cumpliendo años. Así que ya tenemos una excusa menos para abandonarnos y echar la culpa de todo lo que nos pasa taras genéticas. Afrontemos el otoño con buena dieta, ejercicio y un sueño reparador.


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